Salud mental4 de julio, 2026 · 6 min lectura

Hombres sin amigos: la soledad masculina en la adultez

En la consulta, hombres chilenos mayores de cuarenta años cuentan con regularidad que no tienen o no ven a sus amigos, que el trabajo concentra casi todo su contacto con otros y que las salidas se han reducido a algún compromiso excepcional. No es una crisis puntual: es un patrón que quienes trabajamos en clínica con población adulta venimos observando desde hace años.

Daniel Reyes Pace
Psicólogo clínico · Doctor en Psicología, U. de Chile · Director de SUBJETIVIDADES

Este artículo desarrolla, para nuestros lectores, las ideas de la columna “Envejecer sin sindicato, sin partido y sin parroquia”, publicada por Daniel Reyes Pace en El Mostrador el 4 de julio de 2026.

Una abundancia que engaña

Para entender la soledad masculina adulta conviene mirar la biografía completa. Durante las primeras décadas de la vida, la familia, el colegio, la universidad y el primer empleo proveen encuentros diarios, pares disponibles y rutinas compartidas: nadie necesita iniciativa relacional para tener con quién estar. Esa abundancia deja instalada una sensación engañosa — que los vínculos, una vez formados, se sostienen solos.

La premisa se pone a prueba en la adultez. Hacia los treinta, la energía se concentra en el proyecto familiar y el trabajo, y las amistades pasan a segundo plano bajo el supuesto de que seguirán ahí cuando haya tiempo. Entre los cincuenta y los sesenta — cuando los hijos se van de la casa y muchas parejas se separan — la premisa muestra su fragilidad. Las mujeres suelen haber sostenido por sí mismas el contacto con la familia extendida y las amigas. A muchos hombres, en cambio, ese momento los encuentra sin agenda social propia: la pareja organizaba los encuentros, los hijos traían movimiento a la casa y el trabajo era la actividad principal de la semana.

Un entrenamiento que faltó

La diferencia entre hombres y mujeres tiene un origen temprano. La crianza tradicional ha orientado a las niñas hacia la expresión afectiva y a los niños hacia la contención y la autosuficiencia. El psicólogo Ronald Levant llamó alexitimia masculina normativa a la consecuencia de ese entrenamiento: una dificultad de origen cultural — no una enfermedad — para identificar y poner en palabras los estados afectivos, en particular los que exponen vulnerabilidad o necesidad de otros.

Mantener una amistad durante décadas exige decir “te echo de menos” y proponer un encuentro sin pretexto. A muchos hombres nunca se les pidió desarrollar ese repertorio, porque durante la primera mitad de la vida no les hizo falta: las instituciones ponían la ocasión.

Las instituciones que ya no están

Durante buena parte del siglo XX, el sindicato, el partido y la parroquia organizaban asambleas, campañas y liturgias donde la sociabilidad venía incluida. Cumplían para los adultos la función que la escuela cumple en la infancia: poner la ocasión de encuentro sin exigir iniciativa individual. En pocas décadas ese andamiaje se desmontó sin reemplazo. La identificación con partidos políticos cayó de un 80% en 1990 a un 22% hacia 2019; la sindicalización, de cerca de un 35% a inicios de los setenta a en torno a un 16% hoy; la identificación católica, de más de un 75% a un 54% en el Censo 2024. Y un 76% de los jóvenes no participa en ninguna organización de barrio.

El resultado es exigente: un hombre de sesenta años que quiere compañía tiene que reconocer que la necesita y poner en palabras el deseo de ver y ser visto — sin que nadie lo haya entrenado para eso, y en un momento de la vida en que ninguna institución se lo propone.

Qué puede hacer la psicoterapia

La soledad no es un diagnóstico, pero sí un factor de riesgo documentado para la depresión, la ansiedad y el deterioro de la salud física. Y tiene una particularidad: rara vez es el motivo de consulta declarado. Los hombres suelen llegar a terapia por irritabilidad, ánimo bajo, problemas de pareja o consumo de alcohol, y la falta de vínculos aparece más tarde, cuando hay confianza para nombrarla.

Una psicoterapia atenta a esta realidad trabaja en varios planos:

  • Reconocer la necesidad de vínculo sin leerla como fracaso personal
  • Revisar los mandatos de autosuficiencia que bloquean la expresión de afecto
  • Desarrollar el repertorio concreto: retomar contactos, proponer encuentros, sostenerlos
  • Construir una agenda social propia, no delegada en la pareja o los hijos
  • Explorar modelos de masculinidad más abiertos a otra gestión de los afectos

En SUBJETIVIDADES atendemos estos procesos en terapia individual, presencial en Ñuñoa o por videollamada para todo Chile, con un equipo con experiencia clínica en población adulta y en las exigencias particulares que la socialización masculina impone sobre la vida afectiva.

Preguntas frecuentes sobre soledad masculina

¿Es normal llegar a los 40 o 50 años sin amigos?

Es frecuente, sobre todo en hombres, y tiene explicaciones sociales y biográficas: durante la primera mitad de la vida las instituciones proveen los encuentros, y cuando esas rutinas desaparecen muchas amistades se apagan por falta de mantención. Que sea frecuente no significa que sea inocuo: la soledad sostenida afecta la salud mental y física.

¿Por qué a los hombres les cuesta más mantener amistades que a las mujeres?

La crianza tradicional ha orientado a los niños hacia la contención y la autosuficiencia, y a las niñas hacia la expresión afectiva. Mantener una amistad durante décadas exige expresar afecto y necesidad del otro, un repertorio que a muchos hombres no se les pidió desarrollar. El psicólogo Ronald Levant llamó a esta dificultad alexitimia masculina normativa.

¿La psicoterapia puede ayudar con la soledad?

Sí. La terapia permite reconocer la necesidad de vínculo sin vergüenza, revisar los mandatos de autosuficiencia que la bloquean, desarrollar el repertorio afectivo para iniciar y sostener relaciones, y construir una agenda social propia. No reemplaza los vínculos, pero remueve los obstáculos internos para formarlos.

¿Cuándo consultar por soledad o aislamiento?

Cuando la falta de vínculos produce malestar sostenido, cuando el contacto social se redujo casi por completo al trabajo o la pareja, o cuando aparecen señales asociadas como ánimo bajo, irritabilidad o aumento del consumo de alcohol. No se requiere un diagnóstico previo para consultar.

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